20.2.07

El Síndrome de la Princesa de Fresa (I)

Hacía más de un mes que acumulaba horas perdidas delante del ordenador, sin conseguir escribir una puñetera página decente. El plazo de mi editor se venía encima, y la novela había entrado en un angustioso bache del que no encontraba la forma de salir.

- Venga, cuéntame que es lo que te falla- dijo mi hermano- tal vez te pueda echar una mano...
- No creo, es simplemente que no puedo, no sé que me pasa...
- A ver, vamos por partes ¿qué es lo que va mal? ¿Los personajes, el final?
- No, eso lo tengo, tengo el esquema perfecto, todo está bastante bien atado.
- ¿Entonces que es lo que está mal?
- Las palabras.
- ¿Cómo?
- Sí, las palabras de en medio, lo que es la historia. Que nimiedad, ¿verdad?

Más o menos eso era lo que me pasaba. No encontraba ni una sola forma de contar lo que quería contar de ninguna manera que me satisficiera lejanamente. En aquel momento yo no lo sabía, pero aquella no era una enfermedad que me naciera de la escritura y se contagiase al resto de las facetas de mi vida, sino exactamente al revés. La sequía literaria partía precisamente de un vacío vital. En aquel momento, sin embargo, era más proclive a inventar excusas y causas para el bloqueo, que a intentar ver la realidad. Buscaba mil explicaciones, y con cada una de ellas construía elaboradas teorías que, ni me servían para justificarme, ni podían resolver nada. Me pasaba el día quejándome incluso de mis interminables quejas.

La verdad es que no podía darme cuenta, porque estaba tan metida en mi propio ombligo, que ni siquiera era capaz de ver qué me estaba pasando. Tenía veintiséis años, pero esa edad era tan impropia para la prematura flacidez de mi trasero de estudiante, como para la informe personalidad ególatra post-adolescente que todavía arrastraba. Aún me movía por esos terrenos pantanosos de querer mostrarme a mí misma tal y como era, y que todos pudieran apreciar lo que valía, en una versión malévolamente argumentada del “nadie me entiende”.

3 comentarios:

Uno que mira dijo...

El tema del escritor que no escribe. Me recordaste un cuento de Monterroso.

Si era una evocación personal, entoces te diré que sabes el problema: la sequía literaria parte de un vacío vital.

Porque una cosa es escribir novelas, y otra muy distinta hacer literatura.

Misántropo dijo...

¡Ay...si fueras más joven!

Faulkner.

Misántropo dijo...

Bueno, olvida mi anterior comentario.
Digo yo que, para entenderte, podría ser interesante que continuaras el relato...